Aislados sin muros

Aislados sin muros

Personalmente siempre he creído que la mejor forma de vivir es escogiendo conscientemente en cada encrucijada y evaluando todas las posibles opciones como si nadie antes lo hubiera hecho.

Me educaron de esta forma, dando un valor muy elevado al pensamiento crítico y cuya máxima podría resumirse diciendo: ‘piénsalo por ti mismo, no te dejes llevar por la opinión dominante porque esta suele ser simplista y, en última instancia, falsa’.

Pero esta forma de funcionar, que podría parecer más libre que la que está basada en un modelo familiar sin cuestionar o en una ideología preestablecida, es a la vez muy limitada porque sólo permite aprender de los propios errores.

Y un aprendizaje tan restringido implica indudablemente una mejora también muy limitada.

Llegados a este punto es cuando uno se puede llegar a plantear lo siguiente: ¿realmente somos más libres, y por tanto más creativos, cuando pensamos y decidimos de manera individual y en base a nuestro criterio, o en realidad lo somos menos por ser esclavos de nuestra pequeña y limitada experiencia?

En el marco laboral a menudo se plantea también la misma disyuntiva: ¿existe la posibilidad de innovar y explorar nuevos caminos con el riesgo que esto supone en un entorno de co-working, trabajo en equipo y cooperación?

En mi opinión, no existe nada más eficiente para conseguir aflorar el máximo potencial individual que un buen trabajo colectivo que respeta los diferentes elementos.

A pesar de esto, somos plenamente conscientes de que en nuestro país aún existen organizaciones (y no pocas) en las que muchos de sus empleados piden trabajar en despachos individuales para poder aislarse de una realidad que les es ajena.

Y esto es debido a que para co-crear, cooperar e innovar compartiendo conocimiento se necesita que la organización no ponga ninguna limitación para que ello ocurra. El más pequeño de los inconvenientes echa al traste el trabajo en equipo porque la mayoría de nosotros no hemos aprendido a trabajar de esta forma y debemos reaprender para ser más productivos y adaptables a los nuevos retos que tenemos por delante.

A menudo ocurre que los propios trabajadores piden coherencia entre la forma real de trabajar y la organización del espacio. Si sólo podemos trabajar individualmente, ocupemos espacios individuales.

Pero más allá de la distribución de los espacios de trabajo, las preguntas que debemos hacernos son las siguientes: ¿cuál es el impedimento para que nuestra gente trabaje conjuntamente? ¿Es la forma de distribuir las tareas, la jerarquía, los procedimientos, los objetivos, las evaluaciones, el tipo de liderazgo? Y, sobre todo, ¿es posible trabajar en equipo de forma creativa y eficiente si los miembros del equipo no son capaces o no tienen ninguna experiencia en pensar las cosas por sí mismos?

Si como organización conseguimos articular las complejas condiciones que posibilitan el trabajo en equipo, estaremos en el camino de romper definitivamente todos los muros. Los que aún podemos ver y los que, a pesar de no ser visibles, son más altos que los primeros.

2 Comments
  • ARoger
    Posted at 15:27h, 14 enero Responder

    Marta estic d’acord que l’actitud es la clau per trencar els murs fisics i els murs interns, pors, inseguretats, prepotencies, egos! tot i que voler despatxos grans i solitaris no deixa de ser un simptoma.

    • Marta Gascon
      Posted at 12:10h, 16 enero Responder

      Exacte! I la qüestió seria identificar com a organització el problema que provoca aquest tipus de símptomes per poder començar a solucionar-lo. Perquè la nostra experiència ens diu que l’impacte de treballar d’una manera més col·lectiva i humana té un impacte molt positiu no només en l’estat anímic de les persones sinó també en la seva productivitat. Moltes gràcies Àngels pel comentari.

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