Emprender en femenino

Emprender en femenino

Lograr explicarlo

Ayer estuve hablando con una compañera de viaje sobre las dificultades que tenemos los emprendedores para llegar algunas veces a determinados foros.

Y ya no digamos si se trata de una idea que rompe algunos moldes ¿cómo haces para que llegue tu mensaje a quien tiene capacidad real de tomar decisiones?

Mientras hablábamos, me acordé de una frase del máximo responsable de Facebook que me impactó y que iba dirigida a directivos de grandes corporaciones … ‘nunca tengáis miedo de vuestra competencia directa, debéis tenerlo de aquellos que ahora mismo están construyendo algo innovador en un garaje sin apenas medios’.

Salvando las distancias, claro está, estoy plenamente convencida que tenía razón y que la sociedad avanza en parte debido a nuevas ideas que cubren necesidades todavía no identificadas pero que nos permiten vivir mejor en algún aspecto … y entonces, yo me pregunto, ¿cómo lograr no quedarse en el camino por falta de visibilidad?

La característica primordial de un emprendedor que quiere innovar es su actitud delante de un potencial cliente: nunca pretende convencer de las bondades de lo que ofrece, sólo le interesa poderlo explicar. La razón por la que es así es porque es consciente de que, si la persona que le está escuchando no ha tenido nunca la necesidad que pasaría a ser cubierta por lo que dicho emprendedor ha ideado, es imposible llegar a convencerle de que lo necesita. El salto es demasiado grande y a la vez demasiado personal para lograrlo.

Es por esta razón que, a mi modo de ver, el primer reto en el proceso de emprender es sin duda, lograr explicar tu idea a la persona adecuada.

Lograr customizarlo

Pero una vez se ha transmitido el mensaje, no estaremos ni a medio camino de conseguir que la nueva idea tenga un sentido real.

Lo que ocurre en realidad es que las personas que han escuchado el mensaje y están interesadas en él de forma abstracta, cuando analizan su propia organización sólo encuentran impedimentos porque, a grandes rasgos, ya está funcionando sin la necesidad de incorporar la nueva idea.

Y uno se puede llegar a preguntar ¿hasta qué punto se debe replantear todo lo establecido sin poner en riesgo la coherencia?

Entonces es cuando entra en juego otra característica importante de un emprendedor: no piensa en ningún momento que su producto ya esté terminado, que no se puede cambiar o mejorar, lo percibe como algo vivo que tendrá una forma u otra en función de las personas por las cuales finalmente será útil.

Eso sí, debemos tener en cuenta que customizar no puede significar en ningún caso desprender el producto de su esencia, de la razón por la que fue creado. Si al final lo que es necesario para ser incorporado a la casuística concreta de una organización es reproducir algo que ya se hizo con anterioridad, no debe ser aceptado.

El único límite infranqueable en el momento customizar una nueva idea es que su creador siga sintiéndose identificado con el producto final. Si es así, se habrá superado el segundo gran reto de un emprendedor.

Lograr replicarlo

Pero este proceso de lograr explicar al receptor adecuado y llegar a customizar una idea siempre es largo y muy intenso. El coste personal de llevarlo a cabo es alto porque en cada paso que se da más alta es la implicación con la idea inicial: la proximidad al objetivo dibuja con más claridad el impacto del cambio que se puede llegar a dar. Cada vez es más imprescindible aprender de todo lo vivido hasta este momento para no volver a repetir errores y, sobre todo, para optimizar lo máximo posible todo el proceso de venta.

Aquí entra en juego la tercera y última característica que los emprendedores tienen especialmente desarrollada: su alta capacidad de análisis.

La voluntad de mejorar continuamente está tan impregnada en su ADN que analizan y re analizan cada paso dado sin apenas darse cuenta.

Y es justamente en el momento de terminar el primer proyecto que es más necesaria que nunca esa capacidad de análisis y autocrítica. Para poder continuar, se debe conseguir replicar en cierta forma el primer éxito alcanzado y esto sólo se podrá lograr si identificamos organizaciones con una necesidad parecida.

Detenerse un momento para realizar una mirada al camino recorrido y definir los próximos pasos es crucial para focalizar el esfuerzo y aumentar la eficiencia.

Mantenerse ilusionado

Pero no es fácil, no nos engañemos, emprender es duro porque supone mantener la ilusión personal, en el propio equipo y en los demás. Significa creer que las personas siempre pueden ser mejores de lo que son en algún aspecto, empezando por uno mismo.

El principal obstáculo para tener éxito no son los propios conocimientos, ni el mercado, ni siquiera los competidores que se puedan tener …. es, sin duda alguna, los límites del propio desarrollo profesional.

¿Hasta qué punto uno puede llegar adaptarse a la realidad en la que quiere trabajar?

Es por esta razón que siempre se destaca la importancia de emprender en equipo y lo determinante que es el perfil de sus componentes. No sólo por la utilidad de rodearse de personas con habilidades complementarias o de compartir objetivos, vivencias y éxitos; el equipo permite alejarse suficiente del proyecto para mantenerse confiado.

El miedo al fracaso, la aceptación sistemática de no ser comprendido o la simple constatación, a veces, de la incompetencia y pasividad profesional sólo se puede compensar con la ilusión colectiva en un proyecto que está por encima de las visiones y esperanzas individuales.

Go with the wind … me dijeron cuando empecé hace ya más de dos años … él te mostrará el camino, sólo hay que estar atento.

Y es justamente lo que estamos haciendo … going with the wind … ya os iremos contando donde nos lleva.

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