Imaginemos el problema ya resuelto

Llave abriendo un puzzle

Imaginemos el problema ya resuelto

Cuando queremos mejorar el talento de nuestras organizaciones, con frecuencia nos preguntamos:

¿Qué diferencia hay entre las personas que saben resolver los problemas y las que no? ¿Cómo podemos lograr que haya más personas del primer tipo?

Estoy convencida que no se trata de aumentar de forma global la formación en contenidos porque estos caducan al cabo de poco tiempo de ser adquiridos, ni de alcanzar un nivel superior en las competencias personales porque son demasiado abstractas para darnos herramientas que resuelvan nuestros problemas del día a día.

Como afirmó el profesor Itamar Rogovsky en el contexto de la última charla en la que estuvimos, el análisis que se debe hacer para poder lograrlo es de otro nivel.

¿Alguna vez hemos observado que una persona que acaba de terminar la carrera llega a nuestra organización y consigue resolver lo que parecía imposible? No tiene apenas conocimientos de la compañía ni competencias profesionales desarrolladas pero, a pesar de eso, consigue hacerlo.

En mi opinión, lo que ocurre es que las personas que resuelven las situaciones a diferencia de todas las demás es que piensan por sí mismas los problemas, tienen un método para encontrar la solución y la confianza para poder lograrlo.

Un método, o modo ordenado y sistemático de proceder para conseguir algo, es tremendamente potente por su polivalencia.

Las tres grandes preguntas que aparecen en la mayoría de métodos de resolución son: ¿cuál es el problema? ¿qué necesitaría saber para poder resolverlo? ¿cómo puedo encontrar lo que necesito?

En el fondo lo que se debe hacer es imaginarse el problema ya resuelto y después ir buscando la manera de llegar a la situación en la que nos encontramos. El sistema es el mismo que usábamos cuando éramos pequeños y hacíamos trampa para encontrar el camino correcto para llegar al centro de un laberinto dibujado. Empezábamos por dónde se había de llegar y después íbamos deshaciendo el camino para encontrar la entrada.

Exactamente así es cómo debemos solucionar cualquier laberinto que se nos plantee: imaginando las condiciones que se deben dar cuando el problema esté resuelto e ir deshaciendo el laberinto hasta llegar a nuestra situación actual.

Pensar de forma lógica, razonar paso a paso y saber dónde buscar lo que no sabemos es la fórmula más potente para encontrar las soluciones a los problemas.

Y entrenando nuestro cerebro, haciéndolo miles de veces, la única manera de aprenderlo.

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