La subjetividad del sapo

La subjetividad del sapo

Leyendo ayer a James M. Kilts (‘Sólo lo que importa’ 2008) me acordé de un cuento muy conocido de el sapo y el agua hirviendo.

El cuento es éste: si usted echa un sapo en una vasija con agua hirviendo, el sapo brinca hacia afuera; pero si lo pone en agua fresca y la va calentando lentamente, el sapo se cocina antes de darse cuenta de lo que está pasando.

Para mi es una manera muy gráfica de explicar lo que acostumbra a pasar en la gestión de equipos.

Cuando se está dentro de un sistema, la propia visión puede pasar de clara y objetiva a turbia y sesgada.

Esta es una de las muchas razones para la intervención permanente de los profesionales de HR; incluso los líderes más brillantes y ecuánimes necesitan a menudo un punto de vista externo para no dejar de serlo.

No se trata, en ningún caso, que el manager en cuestión tenga una determinada carencia, el problema es que las propias emociones o vivencias influyen sin remedio en la manera de valorar y tomar decisiones.

¿Pero, cómo debemos hacerlo para que sea útil y a la vez no genere malestar ni inseguridad?

Mi experiencia me dice que la mejor técnica es la del espejo. Nuestro trabajo debería focalizarse únicamente en destacar unos hechos por encima de los otros pero nunca valorarlos ni emitir juicios.

En realidad se podría decir que la actitud debería ser parecida a la que tiene un niño cuando se fija en algo que le sorprende por primera vez.

Habremos logrado nuestra misión si la persona con la que estamos trabajando se aleja de su realidad suficientemente como para poder valorarla de nuevo de forma objetiva.

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